EN MÉXICO LA CORRIENTE DE PENSAMIENTO ORIENTALTIENE ANTECEDENTES MUY ANTIGUOS
Este artículo fue escrito y publicado con motivo de la visita de Su Santidad El Dalai Lama a México en el 2004. En esa ocasión fue escuchado por muchas organizaciones, entre ellas por la comunidad universitaria. Resulta importante resaltar que entre los asistentes a sus enseñanzas predominaron profesionales de la Física, biólogos y otros estudiosos de la ecología y de las ciencias cognitivas.
La exitosa visita que realizó el Dalai Lama a nuestro país, del tres al ocho de octubre de este año, seguramente que hizo renacer en muchos mexicanos la esperanza en el futuro predominio de la inteligencia, la luz, la compasión y la sabiduría, sobre el fundamentalismo, intolerancia y violencia que parecen controlar la vida de nuestra querida Ciudad de México.
La presencia del Dalai permitió constatar el interés que existe en miles de personas por el budismo como filosofía, objeto de estudio, proyecto de desarrollo para la mente o camino religioso para la salvación personal. Todos los actos programados (conferencias y encuentros) registraron llenos totales sin importar horarios, condiciones climáticas y desorden vial (extremo en estos tiempos). Los “medios” ofrecieron amplios espacios informativos para una audiencia que se interesó, más que en conocer al Premio Nobel de la Paz, en ver al hombre que obligó a los gobernantes chinos a mostrar su cara fundamentalista, intolerante y facciosa, cuando abundaron en declaraciones violentas e insultantes contra la persona de un hombre que, simplemente, no comparte su ideología. La gente “común” como el que escribe, no podemos evitar pensar que, si un hombre sin armas y sin manifestaciones iracundas, triunfa sobre la agresividad aplastante de una potencia mundial, es un humano más que poderoso. Quizá más que humano, podría ser un santo o el verdadero rayo de esperanza.
Para mí como para muchos lo más impresionante es ver a esa persona tan sencilla, amable y de buen humor. Un hombre ya entrado en años, pelo entrecano, lentes y zapatos toscos que, sin embargo, llena cualquier espacio con su sola presencia.
Seguro que muchas vocaciones budistas surgieron con su visita a este México- Tenochtitlán asolado por las luchas tribales, bajo el ominoso imperio de la versión 2000 del “monstruo de la tierra” (Tlaltecuhtli). Vocaciones que quizá secretamente, en el fondo de nuestro inconsciente colectivo, se vienen alentando, desde el momento en que los primeros europeos se avecindaron en la ciudad imperial, apenas concluida su conquista.
En efecto, a México no solamente llegó la cruz católica hermanada a la espada del conquistador español. También llegaron otros sueños y creencias, entre ellas, las tradiciones hindúes y budista, en las mentes de los hombres que huían hacia Ámerica, de persecuciones por ser diferentes,
Testimonio de ello se encuentra en el ensayo publicado por Don Julio Jiménez Rueda en el Tomo XVI, Numeral 1 del Boletín del Archivo General de la Nación de 1945, con el título “La secta de los alumbrados en la Nueva España”, donde el autor consigna que en agosto del año 1600, en México, Juan Núñez de León, fue acusado por la Inquisición de sospechoso de ilusión y alumbramiento, al manifestar ideas y prácticas heterodoxas al catolicismo. En esta información como en otras muchas del mismo tenor, el historiador identifica la presencia de una práctica tántrica, oculta tras el lenguaje utilizado por los inquisidores para describir la conducta de sus acusados. Los inquisidores incluso obligan a los acusados a que modifiquen su lenguaje en las declaraciones para garantizar el ocultamiento de los conceptos que consideraban en extremo peligrosos.
Don Julio Jiménez define estas conductas e ideas con base en los comentarios de otro historiador, que estudia el mismo fenómeno en España: Don Sáinz Rodríguez quien dice sobre los alumbrados o quietistas: “su doctrina tiene como fundamento la idea de la contemplación pura y el aniquilamiento, según el cual el alma abismada en la infinita escencia, perdida su personalidad, llega a un estado de perfección que le hace irresponsable de los pecados”.
El autor del ensayo hace una minuciosa selección de los procesos que realizó la Inquisición en México contra los llamados alumbrados y centra su atención en el hecho de que las familias implicadas tenían en común la relación con un místico llamado Gregorio López quien, pese a ser mencionado constantemente, no sufrió de persecución de acuerdo con los archivos de la época. De la lectura cuidadosa del ensayo, se infiere que Don Julio, en 1945, comparte algo de la moralidad de los autores de la época colonial, ya que califica de herejía la conducta de todos los implicados y le sorprende que no fuera perseguido Gregorio López. Cabe mencionar que el citado historiador era en ese momento, el Director del Archivo General de la Nación.
Sobre este tema abundemos con las aportaciones de Juan Miguel de la Mora, un investigador de nuestro tiempo que de la misma manera que Santiago Ramón Cajal, opina que para investigar “hay que limpiar la mente de prejuicios y de imágenes ajenas, hacer el firme propósito de ver y juzgar por nosotros mismos”.
Este autor, en su libro “Tantrismo Hindú y Proteico”, publicado por la Universidad Nacional Autónoma de México en 1988, ratifica la existencia de practicantes del tantrismo en el México del 1600. Él define esta corriente de pensamiento como un sistema filosófico basado en los Tantra y dice: “es algo que se impone, ahí donde lo hace, por las ideas que lo integran. En el tantrismo lo que cuenta no es la forma sino el fondo. Louis Renou sostiene que “no es una religión nueva; es una coloración nueva a hechos que son del hinduísmo común”. Pues bien, el tantrismo dio su coloración al budismo común y así como hay el hinduísmo tántrico, existe igualmente el budismo tántrico porque, en realidad, el tantrismo es una concepción del mundo.
Sobre el tantrismo en la Nueva España, nuestro autor comenta que: “El que podríamos llamar “tantrismo Cristiano” lo descubre en México la Inquisición por una denuncia hecha el martes 4 de mayo de 1593 mediante un memorial presentado en el Santo Oficio por fray Dionisio de Castro de la orden de Santo Domingo, el cual entre otras cosas decía: “Estas proposiciones he sacado en limpio en esta cibdad de los angeles de muchas personas que me las an dicho, helas procurado alumbrar para la gloria de dios y por el zelo de su honrra; no juzgando auer en ella los males y daños, que seria posible auer, pero sospechando, le ay o podria, y no sintiendo bien deste lenguaje, porque huele y parece mucho al de los alumbrados, que uuo en españa en la tierra de extremadura contra quien yo predique…”
Juan Miguel de Mora, en su libro, hace un cuidadoso seguimiento y profundo análisis comparativo entre la forma como se integra el tantrismo al budismo y la forma como hace lo mismo con el cristianismo en Europa, de donde emigra a América con los colonizadores.
Con respecto a Gregorio López, de Mora comenta: “De hecho, en todos los expedientes de los tántricos mexicanos se habla de Gregorio López…. La Iglesia inició el proceso de beatificación de Gregorio López que por ese hecho se convirtió en “venerable”, título que se da a quienes están en ese caso. Este proceso, en el que participó hasta el rey de España, no llegó a su fin y se entiende por qué, puesto que Gregorio López era un heterodoxo indudable.”
Gregorio López que nació el 4 de julio de 1542, llegó a México aproximadamente en 1575 y vivió en Zacatecas, en diversas poblaciones del hoy estado dePuebla, en el Santuario de los Remedios,y en Santa Fé, zonas del norponiente del D. F. Fue autor de libros e investigador botánico así como hombre reconocido por culto y sabio. De Mora comenta que: “Ocaranza lo califica de “gran erudito del siglo XVI” y de “un adelantado enciclopedista del siglo XVI”.
Para Juan Miguel de Mora, no hay duda de que Gregorio López pertenecía a una secta tántrica, comenta que el texto que a continuación se reproduce contiene una declaración típicamente hinduísta: La interpretación de “las penas” –dice Ocaranza—fue algo peculiar en Gregorio. Cierta vez se reunieron en Santa Fé hasta seis personas para departir con él acerca de cosas espirituales y alguno manifestaba serios temores por la prolongada sanción que podría esperarle cuando llegase “la otra vida”. La opinión del Venerable fue dicha en esta forma: “Purgatorio es esse en que Dios tiene a vuestra merced”, palabras que le decían claramente: la sanción no deberá esperarla en “la otra vida”, pues ya en ésta la está sufriendo vuestra merced”.
Nuestro autor concluye sobre el caso mexicano que “es indudable que el tantrismo proteico llegó de la Península Ibérica”, agrega, que aunque esto es de una evidencia plena, reitera que los tántricos no necesitaban para serlo, ni haber oído jamás la palabra tantrismo ni saber que sus ideas y sus prácticas tenían su origen en la India.
En el México de 1900 encontramos evidencias de diversas costumbres y modos de pensar que los cronistas de la época calificaban de excéntricos y raros. Había de todo: espiritistas, hinduístas, orientalistas, mesmeristas, naturalistas, esotéricos, magos y practicantes de cultos religiosos fuera del cristianismo. La conciencia del mexicano se desarrollaba, como en la Colonia, protegida por los gruesos muros de las antiguas casonas más la tolerancia de autoridades civiles y religiosas que solamente se preocupaban por encontrar nuevas formas para enriquecerse.
Hoy como lo pudimos observar durante la visita a México del Dalai Lama, los mexicanos como personas estamos creciendo en conciencia, responsabilidad y libertad, a pesar del retroceso político y las carencias económicas que padecemos. Las formas de organización tradicionales se están desmoronando: sindicatos, partidos y órganos del Estado se consumen en el desprestigio, pero las conciencias libres siguen en pié. De ellas es el futuro humano.
Francisco Rodríguez Acosta
Octubre 2004
